Luego de un rato me desperté todo contracturado y un dolor de cabeza bastante fuerte. Empecé a recorrer la casa con la vista pero no veía ni a Paula ni a Mía. Por un momento me asuste… y mucho, hasta que me acerque a la puerta de mi habitación y allí las vi, a las dos acostadas en mi cama. Paula cubría con sus brazos a Mía y ella tenía su manito en el pecho de Paula. Lo único que hice en ese momento fue quedarme apoyado en el marco de la puerta observando esa imagen, que lo único que me causaba era ternura y amor.
De repente veo que Paula abre los ojos y se levanta de la cama sobre exaltada, cuando me vio en la puerta. Lo único que dijo fue “perdón”, agarro sus cosas y comenzó a caminar hacia la puerta. Yo no entendí porque, la seguí y en el momento que abría la puerta para salir del departamento, la tome del brazo.
Pedro- pau..- la llame
Paula- que pasa Pedro?-
Yo solo la mire nervioso sin saber que decir, aun seguía aturdido por la imagen de Mía con Paula, lo había movilizado de una forma que no lograba entender del todo, no sabía si tenía que ver con la imagen materna que deseaba ver junto a su hija o aunque tratara de no pensar mucho en ello, Paula se estaba convirtiendo en algo más que una desconocida que le había ofrecido ayuda con su hija por lastima...
Pedro- Gracias!- fue lo único que me salió, ella solo bajo la mirada avergonzada
Paula- no es nada...
Pedro- De verdad, no puedo creer lo que me ayudaste! no me conoces y sin embargo a penas e lo pedí, viniste a mi casa, cuidaste de mi hija, la lograste calmar! hasta hiciste que se durmiera!! No tengo palabras de agradecimiento! dejame compensarte por favor...
Paula- no quiero nada... yo solo... me voy, si?- me dijo nerviosa al tiempo que se daba la vuelta para irse pero la pare diciendo
Pedro- un almuerzo?-
Ella solo me miro
Pedro- por favor... un almuerzo aceptame aunque sea, ahora si queres! - le pedí apresurado por miedo a que se fuera- te quedas?
Volvió a agachar la mirada y se quedo en silencio unos minutos que me parecieron eternos, hasta que al final me pregunto
Paula- qué hora es?
Yo mire rápidamente mi reloj
Pedro- Es la una!
Paula- es tarde... me encantaría quedarme, pero tengo que irme! perdón... otro día será!-
Yo solo asentí entristecido y la deje ir.
Pasó un rato de lo sucedido, habían pasado unas cuantas horas sentado en el sillón que lo único que había hecho, era pensar. Pero ese pensamiento fue interrumpido por un llanto de Mía. La fui a buscar, y luego de sentarme un ratito con ella para calmarla, decidí sacarla un ratito, pero realmente no estaba muy seguro era chiquita y tenía miedo de que se enferme o le pase algo, pero decidí dejar el miedo de lado. La vestí, le di la mamadera, la coloque en su carrito y partí a caminar. En el camino vi un parque como ya había caminado un largo rato decidí sentarme allí un ratito.
Mire por un largo rato a los niños que jugaban en el parque, algunos con sus mamas, otros con ambos padres. Me sentía raro, me imaginaba a Mía allí en unos años y pensar que solo me tendría a mí, y no tendría un mama me hacía sentir en cierta forma culpable, por dentro sabía que no lo era, pero no podía evitar sentirme presionado para encontrar un madre para ella. Era mi obligación, aunque no creía poder lograrlo, a pesar de que trataba de evitar pensar en el dolor de la perdida de una pareja y concentrarme en lo que para Mía significaba el abandono de Lucia, de su madre...a veces la consciencia me traicionaba y me venían a la mente imágenes de nosotros, de sus besos, de cada momento compartido, aunque tampoco podía decir que la extrañaba, porque no lo hacía, lo que había hecho había borrado cualquier aprecio que pudiera guardarle. Pero si lograba hacerme sentir inseguro, no creía que pudiera volver a confiar en una mujer nunca más, a amar a una mujer de nuevo y eso imposibilitaban mi esperanza de encontrar un madre para Mía. Y entonces, cuando me encontraba mas perdido la vida, había aparecido Paula, ella era... diferente, me hacía sentir diferente. Era linda, simpática y me había demostrado ser una gran persona que estuvo allí cuando la necesite, pero no podía descifrar que era lo que realmente la hacía especial para mi... tal vez su relación con mi hija, la ternura en su mirada cuando la veía, o la forma en que con una simple mirada parecía hacerme olvidar de todos mi problemas, no lo sabía aun, pero estaba decidido a descubrirlo.
Con ese pensamiento positivo y el deseo de un próximo encuentro con Paula, me levante del banco de la plaza y me disponía a acomodar a Mía en su cochecito de nuevo, cuando veo del otro lado de los juegos a un rostro conocido. Sí, era ella... Paula, pero no estaba sola, estaba con un hombre de su edad aproximadamente y se abrazaban. Yo, por mi parte no pude evitar dejar de mirar rápidamente y alejarme lo antes posible de esa plaza.
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