domingo, 4 de noviembre de 2012

Capitulo 66


Unas vez que llegamos, decidimos pedir algo para cenar y luego irnos a dormir ya que mañana nos despertaríamos temprano para que Paula pueda comenzar a acomodar todas sus cosas. Mía dormía tranquilamente en la habitación rodeada de almohadones, luego de haber jugado un largo rato con Pau tiradas ambas en el suelo del living, mientras yo orgulloso filmaba esa situación. Y luego de haber ordenado todo y tener una hermosa charla junto a ella, nos dirigimos a dormir.
No me podía dormir, daba vueltas en la cama, pensaba como iba a hacer para aguantar 10 días lejos de mi novia. Entendía que era su trabajo y muy importante para ella, pero no podía negar que iba a ser muy difícil, pero a la vez una gran prueba.
Daba vueltas y vueltas y no podía dormir, observaba con la paz que dormía mi novia, no aguante y me acerque a besarle su mejilla, pero cuando iba a correr a Mía, pude notar que su frente estaba más caliente de lo normal. Me empecé a preocupar y mucho, pero antes de hacer un escándalo, decidí pensar que hacer. Me acorde lo que hacia mi mama conmigo y con mis hermanos en estas ocasiones, o mismo mi hermana con mis sobrinos. En silencio, para no despertar a ninguna de las dos, aunque Mía ya se estaba inquietando, me dirigí al baño y moje con agua fría una toallita pequeña de la bebe. Busque a Mía, y me dirigí al living. Intentaba que la fiebre bajara, pero algún motivo esto no sucedía, mis nervios aumentaban y Mía se intranquilizaba cada vez más.
Habría pasado una hora, eran las 4 de la mañana y la bebe rompió en llanto. Estaba totalmente colorada, sus ojitos se achinaban cada vez más y la respiración de ella no era normal. Trataba de calmarla pero no había forma, no quería que Paula se despierte, pero eso no sucedió, a los dos segundos estaba al lado mío preguntando que ocurría.
Intentamos todas las formas habidas y por haber para que se le bajaran los 39,5 grados de temperatura que tenia, pero fue imposible, fue por eso que decidimos vestirnos y salir rumbo al sanatorio.
Una vez que llegamos a la guardia, nos dirigieron hacia la parte de pediatría. Habría tres o cuatro chicos mas esperando ser atendidos, pero cuando vieron nuestra situación, y la apariencia de Mía, decidieron que seamos atendidos de manera urgente.
El médico la revisaba, Mía estaba totalmente desesperada, no la podíamos sujetar, se movía, pegaba patadas. Fue así que el médico decidió que lo mejor iba a hacer internarla por unas horas, solo para observarla y ver bien que tenía.
La noticia me había dejado helado, no tenía idea del por qué, que había hecho para que mi hija hoy estuviera internada. Verla de esa manera fue lo peor.
Nos dirigimos con Paula a la sala de espera para esperar ser llamados por el médico una vez que tengan algún comunicado. Mis lagrimas no tardaron en salir, estaba desorientado, angustiado, nervioso por mi hija, si le pasaba algo yo me moría, nunca me lo podría permitir. Ella es la persona más importante que yo tengo en la vida, la persona por la que puedo dejar todo, esa personita que ame desde el primer momento y a la que nunca voy a dejar de amar.
Paula acariciaba mi cabello, pero podía también notar su intranquilidad. Pasaba el tiempo y seguíamos ahí, nadie decía nada, nadie nos quería avisar nada.
Afuera ya había amanecido. Comenzaba a haber cada vez mas movimiento, gente, autos, ruidos, pero en mi cabeza solo estaba Mía y su salud, como hace unas horas estaba tan bien, y ahora tan mal. No podía entender como la vida daba estos golpes tan duros, solo espero que esto sea un susto y nada más.



1 comentario: