viernes, 10 de agosto de 2012

Capitulo 61

Sentí los brazos de Paula deslizarse a mi alrededor, al principio los sentí inseguros pero pronto me di cuenta que en verdad era que estaba temblando. Se sentó en el piso para que quedara su cara frente a la mía, pero al ver que yo me negaba a apartar las manos que ocultaban mi cara, simplemente me rodeo con sus brazos y hundió su cara en mi cuello donde pude sentir como ella también derramaba lagrimas impotentes. La escuche maldecir con frustración al tiempo que se acomodaba de manera tal que pudiera acunarme en sus brazos como si fuera un niño pequeño. Lo necesitaba, necesitaba llorar todo lo que había pasado y que alguien finalmente me consolara diciéndome que todo estaría bien. Fue cuando se acerco para darme un beso en mi frente, cuando reaccione y respondí a su abrazo. Ella me sostuvo fuertemente, sin saber cuánto se lo agradecía. Lloramos juntos un bueno rato, sin emitir palabras, no eran necesarias en verdad. El que simplemente estuviera allí, sosteniéndome y consolándome, era más de lo que podría pedir.
Paula- Es tu hija, que nadie te haga creer lo contrario. Vos estuviste con ella cuando nació, vos la cuidaste, vos estas cuando llora, jugas con ella, ella te reconoce como su padre, no creo ser la única que ve su sonrisa cada vez que te ve a vos.- le dijo cuando ambos lograron calmarse pero sin aun separarse
Pedro- y que si aparece? Que si llega un tipo un día diciendo que es el padre de Mía? Yo… yo, no sé qué haría Paula!- le confesé, por primera vez poniendo en palabras lo que ni siquiera me había animado a formular en mi mente antes.
Paula-Eso no va a pasar, pero si llega a pasar…no vas a estar solo, voy a estar con vos y juntos vamos a enfrentar lo que sea, pero a Mía no te la van a quitar, jamás! Ni siquiera lo imagines porque es imposible, está bien?
La presione mas fuerte contra mí antes de finalmente soltarla,
Pedro- no te enojaste entonces?
Ella pareció desconcertada ante mi pregunta
Paula- enojada? Porque estaría enojada?
Pedro- porque te lo oculte, no te conté la verdad- le dije evitando su mirada
Paula- Pedro,- dijo en un susurro al tiempo que acariciaba mi mejilla y me daba la vuelta para que la mirara- vos crees realmente que podría enojarme por eso? Que después de lo que me contaste me daría la cara para enojarme?- me dijo con una sonrisa que se veía perdida en su rostro empapado de lagrimas.
Pedro- gracias,- le dije aun un poco aturdido y desconectado, ante lo cual Paula aferro mi rostro entre sus manos para evitar que apartara la mirada y cuando tuvo toda mi atención, me dijo seriamente
Paula-Te admiro Pedro, vos crees que cualquier hombre hubiera hecho lo que vos hiciste? Otro en tu lugar hubiera buscado el padre y se la hubiera entregado limpiándose las manos al enterarse que era producto de un engaño, pero vos te hiciste cargo a pesar de que no solo no era tu hija si no que su madre los abandono a ambos.
Pedro- Te amo- Fue lo único que pude decirle luego de sus palabras, no abarcaban totalmente lo que sentía por ella, pero eran las únicas que se le venían a su mente en ese momento.
Paula- Yo también te amo.
Fue en ese momento que ambos nos acercamos para que nuestros labios se puedan unir, pero el llanto de Mía nos interrumpió, y ambos riendo nos dirigimos a buscarla a la habitación.
Una vez que entramos Mia movia rápidamente sus bracitos pidiendo que alguien la alzara. Paula la alzo y comenzó a abrazarla y besarle su cabecita, asi ella se fue calmando y nos acostamos los tres en la cama, en donde nos quedamos dormidos, abrazados.

sábado, 4 de agosto de 2012

Capitulo 60


Paula se separo, y sin decir nada se dirigió al sillón. Sin decir nada la seguí y me senté a su lado. En silencio la observaba y notaba su mirada perdida, con algunas lagrimas en sus ojos.
No sabía qué hacer, como explicarle aunque sabía que tenía que hacerlo pronto antes de que su mente vagara en ideas que no eran las acertadas. Abrí repetidas veces mi boca para romper el silencio pero ninguna de ellas pude encontrar la voz para hacerlo. Ambos evitábamos vernos ahora, con lágrimas en los ojos cada uno metido en sus pensamientos. Hasta que finalmente regañándome por ser tan cobarde tome valor y comencé
Pedro- cuando me entere que Mía había nacido, no te puedo explicar la felicidad que sentía adentro mío. No me alcanzan las palabras para hacerlo. Estaba en el trabajo y cuando me llamaron de la clínica, no me importo nada, sali corriendo directo para allá. En ese momento, yo estaba muy enamorado de Lucia. Nos veía ya con nuestra hija jugando en el parque, en su primer día del jardín, todo, siempre juntos. No había fisuras en todo lo que planeaba, nunca dude, ni del amor que sentía hacia ella ni el que yo creía ella me tenía. No sabía que habían internado a Lucia para tener a la bebe, así que me sorprendió el llamado pero no le di mucha importancia, supuse que no había habido tiempo de hacerlo. Cuando llegue, me informaron que Mía ya había nacido y que podía pasar a ver a Lucia, que a la bebe la llevarían luego a la habitación. Eso hice,- se me hizo un nudo en la garganta al llegar a ese punto, lo recordaba como si hubiera sido hoy mismo, y aunque estos meses el dolor parecía haberse apaciguado, ahora se daba cuenta que era una ilusión, algo que quería creer. En verdad sentía el dolor destrozándolo por dentro como el día que se entero. No era algo de lo cual uno se recupera, era algo con lo que tendría que aprender a vivir.- claro que ella no estaba ahí, pensé que me había equivocado de habitación y estaba por irme cuando me llamo la atención una carta sobre la cama. Me acerque y tenía mi nombre-Paula hizo ademan de querer abrazarme, pero se detuvo y dejo caer su mano a medio camino- La carta no solo decía que nos abandonaba a mí y a Mía, Paula. También decía que me había engañado, en realidad ella dice que fue en los días en que estuvimos peleados, pero nunca estuvimos más de una semana peleados así que entenderás si no le creo. No decía quien era el tipo, pero decía que la bebe era su hija y no mía.- Recordé a la vez lo que paso después, cuando me llevaron con Mía, la vi y la tuve en mis brazos por primera vez, a pesar de las lagrimas una sonrisa cruzo mi rostro y me miro fijamente al notarla- Sabes, Mía no tenia nombre aun, pero cuando me llevaron con ella y la vi, supe inmediatamente que me importaba muy poco lo que esa carta dijera, esa bebe era mi hija. Era Mía.
La fuerza que use para lograr contarle la verdad a Paula, me abandono en el instante en que termine de hacerlo y me derrumbe ahí mismo, con la cara enterrada en mis manos y mi cuerpo convulsionándose con el llanto. No me importo en ese momento haber llorado frente a Paula más de lo que mi ego varonil consideraba correcto. Sentí que después de mucho tiempo por fin estuviera llorando el abandono, la horrible verdad que Lucia había dejado atrás, todo lo que había pasado y lo que había sufrido. Mía me había mantenido en pie todo este tiempo, también Paula había sido un gran apoyo. Me había visto obligado a no perder la compostura por mi hija, a seguir adelante casi como si todo lo que había pasado no me hubiera afectado. Pero no podía engañarme a mí mismo por más tiempo. Ahora con el recuerdo vivo dentro de mí, siento el dolor consumiéndome en carne en propia. Toda la ilusión que construí hasta este momento, la mentira que me obligue a creer, la barrera que impedía a la verdad alcanzarme, lo sentí todo destruyéndose dentro mío. Que iluso fui si creí que podía hacer como si la verdad no existiera, algún día iba a tener que enfrentarla, y ahora sentía las consecuencias de no haberlo hecho antes.

Capitulo 59


Era papa con Mía en brazos, rápidamente le grite que me diera un minuto y corrí a la habitación a cambiarme. Me asuste tanto por el hecho de que mi papa viniera de madrugada que ni me preocupe por ponerme la remera, volví en cuero a atenderlo. Cuando abrí la puerta lo primero que note fue los ojos llorosos de Mía, que al verme comenzó a llorar, la tome inmediatamente en mis brazos a medida que me alejaba de la puerta para que mi padre entrara. Mía se calmo con mi abrazo y hasta se acomodo en ellos entrecerrando sus ojitos para dormir.
Pedro- que paso?- le pregunte a mi papa en un susurro cuando logre que Mía se durmiera
Horacio- la verdad, ni yo ni caro podíamos hacerla dormir, lloraba mucho supuse que te extrañaba...espero no haberte arruinado ningún plan
Me reí de como buscaba con la mirada algún indicio de que había interrumpido algo pero al no encontrar nada se volvió de nuevo a mi
Pedro- está bien papa, no interrumpiste nada y gracias por traerla, - le dije al tiempo que besaba la cabecita de Mía
Mientras intentaba sacar a mi papa de mi casa, no de malo, pero estaba Paula en mi cama, durmiendo y encima desnuda. Por suerte, se tenía que volver rápido a Mármol, así que me dejo el bolso de Mía, y se fue.
Antes de volver a la cama, me dirigí a la cocina a preparar la mamadera para Mía. Estaba muy concentrado con Mía en brazos, cuando siento unos brazos que comenzaban a abrazarme por la cintura, me di vuelta y no pude resistirme en besarla, estaba toda dormidita, pero divina como siempre, y si, que iba a decir yo no? Luego que termine, nos dirigimos los tres a la cama.
Paula se acostó con Mía sobre su pecho y yo a su lado me dedique a acariciar la espalda de mi hija que ahora con sus ojitos abiertos nos observaba a ambos.
Paula- es hermosa, salió a vos…- dijo dulcemente, pero mi cuerpo se tenso inmediatamente dejando de acariciarlas súbitamente- que paso?- me dijo Pau notando el cambio en mi cara
Pedro- nada nada- conteste mientras evitando su mirada desconcertada y me acostaba con la mirada fija en el techo
Paula- no me digas que no pasa nada si es evidente que algo paso,
Hice una mueca de dolor ante el recordatorio de las palabras de Pau y a cuanto deseaba que fuera así realmente. Ignorando lo que había dicho me incorpore para salir de la habitación antes que Pau notara mis lagrimas, pero ella fue más rápida y tomándome fuertemente del brazo me giro para obligarme a mirarla. Mía se removía incomoda en sus brazos pero Paula no me soltó.
Paula- Pedro decime que pasa, me estas asustando
Pedro- no tengo ganas de hablar de eso, es tan difícil de entender? Solo no tengo ganas!- le dije frustrado
Paula- ganas de hablar de que Pedro? no entiendo nada!- grito de repente, a lo que ambos nos quedamos mirándonos en silencio, hasta que finalmente me solté bruscamente de su agarre y salí dando un portazo de la habitación.
Ya no podía mas, las palabras de Paula me dejaron pensando, y había decidido que cuanto antes debía decirle toda la verdad. Era algo muy complicado para mi, tenía miedo a que se enojara conmigo por haberle ocultado la verdad durante estos dos meses y medio, pero la verdad era que yo no sabía cómo enfrentar la realidad y para mi Mía era mi hija, mas allá de todo.
Me fui directo a la cocina y me apoye aturdido en la encimera intentando aclarar mi mente. Pude haber estado minutos u horas en la misma posición, pero mi mente continuaba siendo una maraña de pensamientos. A pesar de no haber hablado, sentí los pasos de Paula tras de mí. Se acerco lentamente como si tuviera miedo de que me pusiera a gritarle que se valla de un momento a otro, yo solo me gire para mirarla sobre mi hombro y cuando estuvo lo suficientemente cerca me derrumbe en sus brazos. Nos mantuvimos abrazados un largo tiempo, Paula seguía sin emitir palabra solo acariciaba mi espalda consolándome. No pude aguantarlo más y entre sollozos logre decir
Pedro- Mía no es mi hija, Paula--